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Edito

Puntos de vista sobre África y el desafío lingüístico

Última actualización: 30 Nov -0001

A la vuelta del primer Congreso Mundial de Investigadores y Expertos Francófonos organizado por la ACAREF (Académie africaine de recherches et études francophones) en la Universidad de Ghana, Legon, Accra, del 11 al 14 de junio de 2019, es natural que una mirada benévola a África.

En primer lugar, este congreso, que reunió a cerca de 250 participantes, después de haber recogido 675 propuestas de participación, no carecía de ambición.

Hace veinte años, un evento de este tipo se habría celebrado probablemente en Europa y podría haberse titulado "Las ciencias humanas en la cabecera de África". Pero esta vez, este congreso sigue a otros tres simposios DELLA (Didáctica y Enseñanza de Lenguas y Literaturas en África) celebrados en 2016, 2017 y 2018. Este último ya había demostrado el vigor de una joven generación de investigadores africanos y reveló que África, debido a los problemas de desarrollo a los que se enfrenta, es un campo en el que pueden prosperar las investigaciones innovadoras.

La CMCF era, por lo tanto, una extensión natural de la misma y su objetivo era ir más allá del marco educativo y lingüístico y cuestionar las humanidades, es decir, toda la gama de las humanidades desde el punto de vista de su impacto en las sociedades y su capacidad para abordar los problemas del desarrollo africano.

Dado que la investigación anglófona goza de sistemas de referencia sin precedentes, era imperativo destacar el progreso de la investigación francófona.

El despertar de África

En los últimos veinte años, África ha experimentado una profunda transformación.

África fue el principal beneficiario del Plan de EPT (Educación para Todos) aprobado en la Conferencia de Dakar en 2000 y es el primer continente al que se dirige el Objetivo 4 del Programa de Desarrollo Sostenible para 2030. En la actualidad, representa el 30% de la ayuda al desarrollo, mientras que en la actualidad sólo representa el 17% de la población mundial1, pero un conjunto de datos muestra que África ha entrado efectivamente en el mundo emergente.

El crecimiento (aunque cuestionable en algunos aspectos, este criterio sigue siendo inevitable) fue el doble de rápido entre 2000 y 2017 que en las dos décadas anteriores y un 72% superior a la media mundial (+4,9% frente a 2,84%).

Este crecimiento, a pesar de las grandes disparidades y de la insuficiente reducción de la pobreza, afecta a casi todos los países, sin necesidad de distinguir entre países africanos francófonos y anglófonos, como se ha hecho en el pasado.

Para tener una idea de la sostenibilidad del proceso, es necesario integrar algunos datos.

En primer lugar, este proceso se basa en un progreso considerable en los ámbitos de la salud y la educación. Aún queda mucho por hacer, pero el crecimiento observado no habría sido posible sin la afluencia de capital y el desarrollo del ahorro interno, para lo cual la mejora de la salud y la educación era un requisito previo y la palanca más poderosa. Está surgiendo claramente una relación virtuosa entre la mejora del estado de salud y el aumento del nivel de educación de la población, por una parte, y el atractivo de las economías para la inversión, tanto nacional como internacional, por otra.

La inversión directa en el continente africano aumentó de 15.000 millones de dólares a 38.000 millones de dólares entre 2000 y 2008 y a 45.000 millones de dólares en 2015. Este crecimiento puede explicarse. Según el Consejo Francés de Inversores en África (CIAN), África ofrece la mayor tasa de retorno de la inversión del mundo. Es interesante observar que una proporción significativa de la inversión proviene de las diásporas africanas de todo el mundo, especialmente en Francia. Según el Banco Mundial, las remesas de la diáspora del África subsahariana ascendieron a 2.200 millones de dólares en 2001, 4.600 millones en 2008 y 10.600 millones en 2015. Para África del Norte y Oriente Medio, las cifras correspondientes son 1.000 millones de dólares, 6,7 y 6,8. Estos resultados son notables. Sin embargo, durante el período, la tasa de inversión, entre el 20 y el 23% del PIB, se mantuvo por debajo de la media mundial, entre el 23% y el 26%, y sigue estando lejos de Asia oriental y el Pacífico, que se sitúa entre el 37% y el 43%, y de Asia meridional, entre el 25% y el 38%.

Es evidente que este círculo virtuoso sólo funciona en un estado de relativa estabilidad política combinada con un clima de confianza que va de la mano de una mayor democracia y en un contexto económico favorable, condiciones que son difíciles de obtener y que se ven debilitadas por múltiples amenazas.

La segunda observación se refiere al contenido del crecimiento. Los ingresos procedentes de los recursos naturales -la antigua base de la economía africana- representaron apenas el 24% del crecimiento en los últimos diez años; el resto provino de otros sectores en crecimiento, como las finanzas, el comercio minorista, la agricultura y las telecomunicaciones. No todos los países africanos tienen recursos naturales, pero el crecimiento del PIB se ha acelerado en casi todas partes. Esto significa muy claramente que el crecimiento responde a las necesidades de los mercados locales sin alejarse de los mercados internacionales.

Esta actividad económica se basa en un espíritu empresarial local muy fuerte y, como señalan Sabine Patricia Moungou Mbend, Vicedecana de la Universidad de Yaundé II, Barnabé Thierry Godono y Lucain Som, de la Universidad Aube Nouvelle, en su estudio sobre las perspectivas económicas del África subsahariana, publicado en el sitio web del OEP, la economía digital está muy presente y se está desarrollando mucho más rápidamente que los sectores tradicionales, al mismo tiempo que riega la mayoría de ellos. En la actualidad, el continente africano, que en 2017 todavía representaba sólo el 3,85% del PIB mundial, es el segundo mayor mercado del mundo en términos de demanda de tecnología de la información.

Otra característica destacable es la fuerte feminización de la economía y, en particular, del espíritu empresarial. Diaretou Gaye, Director de Estrategia y Operaciones del Banco Mundial, citado en el mismo estudio, señaló en 2018: "África es la única región del mundo donde más mujeres que hombres eligen el camino de la iniciativa empresarial, una realidad que no se discute suficientemente". Alrededor del 25% de las mujeres trabajadoras se ven obligadas a crear su propia empresa y, por lo tanto, contribuyen a aproximadamente el 65% de la riqueza del continente. Se estima que el rendimiento de las empresas propiedad de mujeres es un 34% superior al de las empresas propiedad de hombres.
¿Y qué los lleva a la compañía? Según el mismo estudio, el primer factor es la necesidad de alimentar a la familia. A este respecto, el caso de las mujeres rwandesas es excepcional, y el programa Envoyé spécial lo destaca notablemente. Ruanda, el país de las mujeres - 18 de abril de 2019 (France 2, https://www.youtube.com/watch?v=XN5k2MuH_Fg). "Debido a la falta de hombres, que murieron por cientos de miles después del genocidio de 1994, las mujeres ruandesas tuvieron que reconstruir el país. Hoy son mayoría en la Asamblea y ocupan posiciones estratégicas tanto en el sector público como en el privado."

Pero la mayor oportunidad de África es su juventud. Con el 65% de la poblacón menor de 25 años, el potencial de desarrollo es considerable y las Naciones Unidas prevén que la población de África, que en 2017 representaba el 17% de la población mundial, superará el 30% para 2050.

Algunos plantearán el espectro de la superpoblación, que no debe ignorarse, pero que debe equilibrarse con tres aspectos.
En primer lugar, África en su conjunto tiene una población media de 30 habitantes por km², lo que no la convierte en un continente sobrepoblado dado su tamaño (9 veces menos denso que la India, por ejemplo).

En segundo lugar, debido al aumento de su nivel de educación y desarrollo, África ha entrado en el proceso de transición demográfica. Así pues, tras una fuerte expansión demográfica, debido a la rápida disminución de las tasas de mortalidad inducida por la mejora del estado de salud, la tendencia a la disminución de la fecundidad es casi general, a pesar de las grandes variaciones de un país a otro y de una tasa que algunos considerarían insuficiente.

Por último, tal vez el mayor activo de África sea la magnitud de los desafíos a los que se enfrenta, la salud, la educación, la ecología, la economía y el idioma, que no tienen equivalente en la historia de la humanidad.

Por eso, los "países del Norte" no pueden ignorar lo que sucede en el Sur y deben hacer todo lo posible para apoyar al movimiento.

Les défis linguistiques

En tant qu’Observatoire européen du plurilinguisme (et non Observatoire du plurilinguisme européen), nous regardons avec attention les questions éducatives et linguistiques en Afrique, ce qui a donné lieu à la parution déjà de trois ouvrages et bientôt d’un quatrième.

Malgré des progrès indéniables, l’éducation doit rester une priorité absolue aux trois niveaux primaire, secondaire et supérieur. Mais tenons-nous en à l’aspect linguistique, dont les implications, souvent mal appréhendées, sont en fait considérables.

Les pays européens sont devenus au XIXe siècle, avec l’affirmation des États-nations modernes, des pays de culture monolingue. Nous précisons « de culture monolingue », car ils ne sont pas réellement monolingues, il s’en faut même de beaucoup.

À l’inverse, en raison de l’extraordinaire mosaïque des langues africaines, le plurilinguisme est un trait dominant des sociétés africaines. Il faut considérer cette situation plutôt comme une chance et comme une occasion de ne pas refaire ce qui s’est passé en Europe, en France en particulier, où la place des langues régionales s’est trouvée réduite de manière radicale en l’espace de trois à quatre générations. Mais il faut comprendre ce qui s’est réellement passé.

L’explication idéologique est une très mauvaise explication et ne débouche sur aucune réponse concrète. Ainsi, certains évoquent avec complaisance les dégâts linguistiques qu’aurait commis l’Abbé Grégoire pendant la Révolution française avec son rapport sur la nécessité et les moyens d’anéantir les patois et d’universaliser l’usage de la langue française (Convention nationale 1794) . Quoi que l’on pense de ce rapport, avec le recul du temps et l’évolution des idées linguistiques, il est tout à fait illusoire d’imaginer qu’un rapport parlementaire, même en tenant compte des idées dominantes au moment de la Révolution française, puisse infléchir le comportement linguistique d’une population essentiellement rurale et très largement illettrée. D’autres facteurs, beaucoup plus significatifs et de portée universelle, sont entrés en jeu. Rappelons que près d’un siècle plus tard, les lois Jules Ferry (1881-1882) sur l’instruction publique ont eu comme première motivation de remédier au défaut d’instruction de la population française, considéré comme la première cause de la défaite face à la Prusse en 1870. Ces lois ont donc rendu l’enseignement primaire public, gratuit et laïque puis l’instruction primaire obligatoire de 6 à 13 ans et sans différence entre filles et garçons. Le premier effet des lois Jules Ferry a été l’accélération de l’alphabétisation qui de 75 % de la population dans le quart nord-est du pays et inférieure à 50 % dans le reste du pays est passée à plus de 95 % partout à la veille de la Première Guerre mondiale. Bien évidemment cette alphabétisation s’est faite en français et seulement en français, ce qui relevait à l’époque de l’évidence.

Más allá de la educación, es evidente que se han practicado otros procesos fundamentales (revolución industrial, urbanización, desarrollo de los medios de comunicación) para llevar a las familias a una desafección por las lenguas regionales que se hizo masiva en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Es este proceso extremadamente poderoso el que debería evitarse en África y que es probable que se repita si no se aplican las políticas adecuadas.

No se trata de frenar en modo alguno la adhesión de las poblaciones a las principales lenguas internacionales, como el francés y el inglés, en particular en África, ni de privarlas de la oportunidad de apropiarse de ellas. Pero este proceso no puede realizarse en la ignorancia de las lenguas maternas. Y hay dos razones fundamentales para ello.

¿Podríamos imaginar en la Edad Media en Europa que el latín se pudiera aprender sin utilizar lenguas maternas (aprender a leer y escribir en la Edad Media significaba aprender latín)? Uno de los grandes manuales de enseñanza del latín de la época, escrito hacia 1199, Doctrinale de Alexandre de Villedieu, lo explica de manera muy sencilla: "Si al principio los niños tienen dificultades para comprender bien,... que su atención sea apoyada evitando las presentaciones doctorales y enseñando a los niños en su propia lengua". (Chaurand, Nouvelle histoire de la langue française, 1999: 125).

Por lo tanto, la utilización de las lenguas locales o nacionales en la educación es un requisito previo para mejorar el aprendizaje en la escuela y prevenir la deserción escolar temprana, que es un problema importante para las niñas y los niños.

La segunda razón es la necesidad de proteger y promover el patrimonio cultural y literario de las lenguas maternas. Varios oradores de la CMCF, por ejemplo, destacaron no sólo la importancia literaria y poética de los cuentos africanos, sino también su función de educación cívica y social. Y cuando la OIF se compromete a fomentar la traducción de literatura en lenguas africanas al francés y a otras lenguas africanas, es correcto.
Por lo tanto, la enseñanza de las lenguas locales y nacionales es también una necesidad, pero es una cuestión que puede evaluarse a la luz de dos consideraciones.

La enseñanza en la escuela de las lenguas que se hablan en las familias es una condición para garantizar la continuidad de la transmisión familiar de estas lenguas, sin la cual ninguna lengua puede sobrevivir. Sin embargo, huelga decir que la pertinencia de esta enseñanza depende de que el equipo lingüístico y pedagógico para estas lenguas sea satisfactorio, lo que dista mucho de ser el caso en todos los casos. Los profesores también deben estar bien formados en estas lenguas cuando ellos mismos no son hablantes nativos, lo que es muy problemático en términos materiales cuando hay un gran número de lenguas que coexisten en territorios que no son homogéneos desde el punto de vista lingüístico.

La segunda consideración es la elección de los idiomas. Es evidente que las lenguas nacionales y locales que deben enseñarse deben ser las lenguas habladas en las familias. Por lo demás, como Pierre Frath señaló oportunamente en la CMCF de Accra, el beneficio educativo que cabe esperar es nulo, o incluso negativo, y al hacerlo contribuimos a la erradicación de las lenguas que decimos querer proteger, sobre la base de un nacionalismo lingüístico que denunciamos en otros lugares.

Al decir estas palabras, tenemos la impresión de que estamos derribando muchas puertas abiertas, porque estos temas son bien conocidos por la OIF y por los gobiernos africanos que participan en el programa ELAN, por ejemplo.

Pero lo que nos gustaría destacar sobre todo es la necesidad de cambiar de paradigma y pasar del monolingüismo al multilingüismo.
El paradigma monolingüe, que sigue impregnando el mundo anglosajón y los países europeos, es sustractivo, en el sentido de que una lengua expulsa a la otra y que cualquier sistema bilingüe o multilingüe se encuentra en una situación de diglosia, es decir, donde las lenguas implicadas son desiguales y compiten entre sí o incluso están en conflicto. Por el contrario, el paradigma multilingüe es aditivo, es decir, las lenguas se perciben como complementarias. A Carlos Quinto se le atribuye haber dicho una vez que "un hombre que habla cuatro idiomas vale más que cuatro hombres", una cita con muchas variaciones y autores que se puede encontrar en diversos contextos culturales. Pero la idea no es nueva, y se complementa con la idea de que uno sólo conoce bien su lengua cuando conoce las lenguas de los demás, una idea que se atribuye tanto a Goethe como a Saint-Exupéry. Hoy en día, numerosos estudios lo han confirmado y han llegado a la conclusión de que todo el mundo se beneficia de un buen capital lingüístico plurilingüe.

El principal reto lingüístico al que se enfrenta África en la actualidad es optar en la mente de las personas y en la práctica por el paradigma multilingüe. Los pueblos africanos están bastante bien equipados para hacer frente a este reto y es ahora cuando hay que hacerlo.

1 Este ya era el caso en el siglo XVII, entonces la población africana vio disminuir su participación relativa hasta 1900, cuando sólo representaba el 7%, sólo para recuperarse desde entonces. El continente africano es el que registra el crecimiento demográfico más rápido en la actualidad y se espera que alcance el 31% de la población mundial en 2050.

Traducción realizada con el traductor www.DeepL.com/Translator